Aprendizaje

Mar 25

9 Min lectura

Estanflación: el asesino silencioso de los mercados financieros

Los economistas temen la estanflación de la misma manera en que los médicos temen una enfermedad para la cual no existe un tratamiento efectivo. Hoy en día, con tensiones nuevamente en Medio Oriente y el petróleo cotizando por encima de los 90 dólares por barril, este fantasma vuelve a aparecer en la economía global.

¿Qué es la estanflación?

El término combina dos conceptos que resultan especialmente preocupantes para la economía: el estancamiento (freno del crecimiento) y la inflación. En condiciones normales, estos fenómenos no suelen coexistir; la teoría económica clásica los ha considerado, durante mucho tiempo, prácticamente excluyentes. Cuando la economía crece, los precios tienden a subir. Cuando la economía se desacelera, la inflación debería disminuir. La lógica es simple.

Pero en la década de 1970, el mundo vio cómo esa lógica podía ser brutalmente desmentida por la realidad. Tras el embargo petrolero de 1973 impuesto por los países árabes contra Occidente, los precios de la energía se cuadruplicaron. La producción se volvió costosa. Las empresas comenzaron a reducir su actividad. El desempleo aumentó. Y, sin embargo, los precios no bajaron: siguieron subiendo, porque la energía es cara y su costo se traslada prácticamente a todo. El término que se convirtió en una pesadilla para los inversores en los años 70 ha vuelto a aparecer en titulares de Bloomberg y Reuters.

Dato histórico

En la década de 1970, la inflación en Estados Unidos alcanzó el 14%, mientras que el desempleo se mantuvo por encima del 9%. Fue entonces cuando el economista Arthur Okun desarrolló el llamado “Índice de Miseria”, que combina inflación y desempleo. Cuanto más alto es este índice, peor es la calidad de vida de la población. Hoy, los analistas han vuelto a poner este indicador en el centro de la escena.

Ahora, en marzo de 2026, el debate sobre la estanflación ha resurgido con fuerza, y no por casualidad. El conflicto en Medio Oriente, que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, ha afectado gravemente el tránsito comercial por el Estrecho de Ormuz. Por este estrecho paso entre Irán y Omán circulaban diariamente unos 20 millones de barriles de petróleo, lo que representaba cerca de una quinta parte de las exportaciones mundiales de crudo por vía marítima.

Una interrupción en las cadenas de suministro globales a través del Estrecho de Ormuz no es solo una crisis regional. Es un golpe estructural a la economía global en un momento de fragilidad geo-económica. Y podría desencadenar un escenario de estanflación.

La estanflación (estancamiento + inflación) es una condición económica poco común y extremadamente dolorosa, definida por tres factores:

  1.  Estancamiento: ausencia de crecimiento o desaceleración económica (caída del PIB).
  2. Alta inflación: aumento acelerado de los precios de bienes y servicios.
  3. Alto desempleo: las empresas reducen personal ante el deterioro de sus condiciones económicas.

En condiciones normales, la inflación suele ser una consecuencia del crecimiento económico. Las personas ganan más, consumen más, la demanda supera a la oferta y los precios suben. Pero en un escenario de estanflación, los precios aumentan no porque haya más dinero, sino por shocks de oferta. Por ejemplo, cuando el costo de la energía o de las materias primas, que están presentes en prácticamente todos los procesos productivos, se dispara de forma abrupta.

¿Por qué esto es un problema?

Para la economía, es una “tormenta perfecta”. El poder adquisitivo cae (la inflación erosiona los ingresos) y el empleo se vuelve más escaso. Para las empresas, es un golpe doble: los costos de producción aumentan debido al encarecimiento de los insumos, mientras que las ventas caen porque los consumidores tienen menos dinero para gastar.

El FMI estima que cada aumento sostenido del 10% en el precio del petróleo reduce el PIB global entre un 0,1% y un 0,2%, y añade aproximadamente 0,4 puntos porcentuales a la inflación mundial. Con los precios actuales, alrededor de un 30% por encima de los niveles previos al conflicto, el impacto es significativo: aproximadamente 1,2 puntos adicionales de inflación, sin considerar los efectos secundarios en alimentos y en las cadenas industriales.

Europa se encuentra en una posición particularmente vulnerable. El BCE ya ha pospuesto recortes de tasas y ha elevado su previsión de inflación, mientras reduce sus estimaciones de crecimiento del PIB. Alemania e Italia, las principales economías industriales del continente, están al borde de una recesión técnica, mientras que sectores como el químico y el siderúrgico han aplicado recargos de hasta el 30% debido al aumento de los costos energéticos.

Un callejón sin salida para los bancos centrales

Normalmente, los bancos centrales cuentan con dos herramientas principales:

  1.  Si la inflación es alta, suben las tasas para “enfriar” la economía.
  2. Si la economía se desacelera, bajan las tasas para estimular la actividad mediante crédito barato.

¿Cuál es la trampa de la estanflación?

Si el banco central sube las tasas para combatir la inflación, puede terminar profundizando la recesión. Si las baja para sostener la actividad, puede agravar aún más la inflación al debilitar la moneda.

El problema central es la falta de buenas opciones. Cuando el PIB cae y al mismo tiempo es necesario subir tasas, aumenta el riesgo de una crisis sistémica. Además, con los actuales niveles de endeudamiento público (especialmente en EE. UU. y la UE), un aumento fuerte de tasas vuelve insostenible el costo de esa deuda. Esto limita el margen de acción de los reguladores.

El banco central no puede aumentar la producción de petróleo, resolver conflictos geopolíticos ni eliminar disrupciones en las cadenas de suministro. Solo puede influir en la demanda, pero en un contexto de estanflación, el problema suele estar del lado de la oferta.

Entonces, ¿qué hacen los bancos centrales?

En la práctica, los reguladores tienen varias opciones, ninguna de ellas ideal:

  • Pausar y esperar. La respuesta más común es mantener las tasas sin cambios mientras se observa cuál de los factores predomina. Esto es exactamente lo que estamos viendo ahora: los economistas de Nomura señalan que el conflicto en Irán “refuerza el argumento a favor de una pausa para muchos bancos centrales”. No es una victoria frente a la estanflación, pero sí una forma de evitar agravar la situación con decisiones abruptas.
  • Priorizar la inflación. Algunos bancos centrales, históricamente, especialmente la Reserva Federal bajo Paul Volcker a comienzos de los años 80, adoptaron una postura más agresiva: combatir la inflación subiendo tasas, incluso a costa de una recesión profunda. Volcker llevó las tasas hasta el 20%, lo que provocó una fuerte contracción económica, pero finalmente logró controlar la inflación. Es una estrategia dolorosa, prolongada y políticamente difícil, pero efectiva.
  • Herramientas no convencionales. En este tipo de escenarios, algunos bancos centrales han recurrido a medidas como el crédito dirigido o los subsidios a sectores específicos (por ejemplo, la industria) para sostener el empleo sin expandir la masa monetaria total. La eficacia de este enfoque sigue siendo discutida.

El gran dilema de 2026

La exsecretaria del Tesoro de EE. UU., Janet Yellen, advirtió: “La situación en Irán hace que la Fed sea aún más reticente a recortar tasas”. La inflación en EE. UU. ya se encuentra por encima del objetivo del 2%, y la política arancelaria de la administración Trump añade una presión inflacionaria adicional. Al mismo tiempo, el consumo comenzará a desacelerarse entre dos y tres meses después del shock petrolero. La Fed corre el riesgo de quedar atrapada en una situación en la que no puede bajar las tasas, pero mantenerlas elevadas también genera costos significativos.

El principal desafío para los bancos centrales modernos es que son mucho más eficaces gestionando la inflación impulsada por la demanda que la causada por shocks de oferta. Subir las tasas enfría la demanda. Pero un shock petrolero es un problema de oferta: hay físicamente menos petróleo disponible porque el estrecho está cerrado. Ninguna tasa de interés va a reabrir el Estrecho de Ormuz ni a reemplazar los 16–20 millones de barriles diarios que, según estimaciones de la IEA, están en riesgo incluso utilizando rutas alternativas por oleoductos.

Cómo se comportan los activos: una guía para traders

1. Activos de riesgo (acciones e índices): bajo presión

Los índices estadounidenses (S&P 500, Nasdaq): las tasas de interés elevadas afectan especialmente al sector tecnológico. El aumento de los costos de producción reduce los márgenes corporativos. En general, los índices tienden a estancarse o caer. En un escenario de estanflación, MSCI proyecta una caída del 12% en el S&P 500.

Índices europeos (DAX, CAC 40): Europa depende más de las importaciones de energía que Estados Unidos. En el contexto del conflicto en Medio Oriente, el mercado accionario europeo se muestra particularmente vulnerable. MSCI estima que las acciones europeas podrían caer hasta un 16%.

2. Mercado de divisas (Forex)

Euro (EUR) y libra esterlina (GBP): estas monedas suelen verse perjudicadas en este contexto. Las economías de Europa y el Reino Unido son más frágiles, y la crisis energética las afecta con mayor intensidad. Si el BCE no puede subir tasas de forma agresiva por temor a una recesión, el euro tenderá a debilitarse. La GBP también se debilita en un entorno de incertidumbre creciente, aunque en menor medida que el euro debido a su menor dependencia industrial.

El dólar estadounidense (USD): el dólar suele comportarse como activo refugio. Además, la Reserva Federal tiende a actuar de manera más decidida que otros bancos centrales. Morgan Stanley señala que el fortalecimiento del dólar contribuye parcialmente a aliviar las presiones inflacionarias en EE. UU.

Franco suizo (CHF): el franco suizo es el segundo activo refugio más importante después del dólar. La neutralidad de Suiza, su sólido sistema financiero y su baja dependencia energética lo convierten en una moneda fuerte en escenarios de crisis. Históricamente, los pares USD/CHF y EUR/CHF tienden a caer durante períodos de estanflación.

3. Oro

El oro ha sido históricamente el mejor activo en entornos de estanflación. Actúa como cobertura frente a la inflación y se beneficia de la incertidumbre geopolítica. Sin embargo, en 2026, desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, el oro ha mostrado una tendencia bajista. Esto sugiere que los grandes inversores están optando por liquidez (“cash”), lo cual es una señal negativa, ya que los flujos hacia efectivo suelen producirse en momentos de alta tensión económica.

4. Criptomonedas y mercados emergentes

Las criptomonedas, las acciones de mercados emergentes, los bonos de alto rendimiento y las monedas ligadas a commodities (AUD, NZD) están siendo afectadas por una huida hacia la calidad. Las correlaciones se están rompiendo: lo que antes funcionaba como diversificación ya no protege las carteras.

5. Acciones del sector energético

Las acciones del sector energético merecen una mención especial: son una excepción poco común en un contexto de caída generalizada de los mercados. Las compañías de petróleo y gas se benefician del aumento en los precios de las materias primas, lo que convierte a acciones como Exxon, Shell o BP en “ganadoras relativas” en un entorno de estanflación. Por esta razón, Morgan Stanley y otros bancos recomiendan aumentar la exposición a sectores como defensa, energía e industria como una apuesta temática en el contexto geopolítico actual.

Reflexión final

La estanflación no es solo un problema económico. Es una crisis compleja que afecta simultáneamente a consumidores, empresas, gobiernos y mercados financieros. Hoy, el riesgo de su regreso es muy real, impulsado por tensiones geopolíticas, la alta inflación y una desaceleración económica global.

Para los traders, esto implica una cosa: se aproxima un período en el que la macroeconomía tendrá más peso que los modelos técnicos y la diversificación se vuelve una herramienta clave de gestión del riesgo. Conviene reducir la exposición a monedas de economías altamente dependientes de importaciones energéticas (como Europa o Japón) y favorecer el dólar u otros activos refugio. También es importante buscar oportunidades en activos defensivos y en acciones del sector energético.

Si quieres evaluar si la situación actual puede derivar en un escenario de estanflación plena, es clave seguir de cerca tres variables:

  • Duración del shock petrolero. Según analistas del Chicago Council on Global Affairs, incluso si el conflicto termina, los retrasos en la recuperación de la producción podrían mantener los precios elevados durante varios meses. Si el Brent se mantiene por encima de los 85 dólares durante más de dos meses, el impacto macroeconómico comenzará a reflejarse en los datos duros.
  • Respuesta de los bancos centrales. Las primeras señales de que los reguladores comienzan a flexibilizar la política a pesar de la inflación indicarán que han priorizado el crecimiento económico. Esto aumenta el riesgo de que la inflación se descontrole.
  • Datos del mercado laboral. El aumento del desempleo junto con una inflación persistente es el diagnóstico clásico de la estanflación. Mientras el mercado laboral en EE. UU. se mantenga sólido, podemos hablar de presión inflacionaria sin un componente recesivo. Sin embargo, con el tiempo, los altos costos empresariales comenzarán inevitablemente a afectar el empleo.